lunes, 18 de mayo de 2009

Ángeles y demonios

Comentarios bestiales del caso:
  • Yo quería ver The Reader, pero no llegamos.
  • No es que yo desprecie a los best-sellers. Sin ir más lejos, The Reader es un best-seller. Lo mismo Stephen King (que me gusta incluso cuando escribe boludeces), Paul Auster y tantos más. El tema es cuando un libro menor, correcto, apenas apropiado es inflado más allá de toda proporción, y todo el mundo se lo toma en serio. Y encima la gente me mira raro a mí. Pero la cosa es así: si yo leo, digamos, Jurassic Park, y luego digo que es genial, que es científica e históricamente correcto, que cuenta una historia verdadera pero escondida por años y me pongo a investigar qué islas cercanas a Costa Rica podrían sustentar vida de dinosaurios... la gente me miraría como a un tarado. Y tendrían razón. ¿Entonces porque tengo que aceptar que cierta gente ande por París en tours Da Vinci?
  • El código Da Vinci me aburrió. Tom Hanks no hacía más que correr de un lado a otro. A Audrey Tatou el robaron el alma. Ian McKellen cobró y se fue. La película me resultó grandilocuente, demasiado larga, con personajes clichés y poco interesantes. Y por sobre todo, me pareció que se tomaba a sí misma demasiado en serio.
  • Ángeles y demonios es más de lo mismo. La primera hora me resultó un bodrio insoportable, y la segunda mitad zafó más. La acción funciona y entretiene, pero creo que eso fue porque para esa altura ya había renunciado a la pretensión de un buen relato y me había entregado a las imágenes en la pantalla como un gato se entretiene con algún objeto que brille.
  • El problema, creo, es: mucha información y poco desarrollo de los personajes. Las dos novelas de Dan Brown tienen como 600 páginas. Lo más interesante de ellas (y lo que más pegó en la gente) es la historia oculta de la Iglesia Católica. Las conspiraciones, las evidencias históricas, etc. O sea: datos, datos, y más datos. Pero una película no se sostiene en base de datos. La trama de intriga es bastante pueril (hay que encontrar una bomba antes de que explote), y al no tener vida los personajes, importa poco y nada su resolución. Es decir: en toda buena película de acción, la resolución de la intriga golpea de alguna manera u otra a los protagonistas, y en la resolución de ella se juegan algo. Acá no. Langdon podría volverse a su casa a mitad de camino, y sí, se moriría mucha gente, pero poco más. Su vida sería siendo igual. No hay transformación. Y como toda esa data que era lo interesante no puede presentarse en una película de dos horas y media, el resultado es un embole.
  • A ver si entendí: ¿la actriz israelí que acá hace de italiana (porque todos los extranjeros son lo mismo para Hollywood) es física, pero además habla latín y tiene conocimiento amplios de farmacología? ¡¿?!
  • Tom Hanks como héroe de acción... No.
  • Ok, el personaje de Langdon es norteamericano, y por lo tanto habla inglés. Está bien. Y como estudia la historia antigua del Vaticano tendría que hablar, o al menos leer, latín. Ok. No es loco suponer, entonces, que también habla italiano, ya que estudia en los archivos del Vaticano y allí se habla latín e italiano. ¿No?¿Entonces por qué cuando está tratando de deducir el próximo paso del asesino y dice "segna", aclara, "señal", si está rodeado de italianos que, uno asume, hablan italiano como primera lengua y comprenderían más fácilmente "segna" que "señal"?
  • Ya sé: porque el público es tonto. ¡Y a la mierda con la lógica!

Diagnóstico a lo bestia:

Sólo voy a volver a ver una película de Ron Howard si se trata de la versión para cine de Arrested Development.



Dónde la vi: Hoyts Abasto.
Cuándo: viernes a la noche.
Con: Cutti.
Gente: A full. Tuvimos que sentarnos en la segunda fila, lo que no es tan malo como uno pensaría, pero no pienso volver a hacerlo nunca más.
Comida/bebida: Nop.

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