Comentarios bestiales del caso:
- Cuando estaba en la facultad y cursé LAC II (Literatura de las Artes Combinadas II) nos dieron a leer un texto de Sergei Eisenstein llamado "Dickens, Griffith y el cine actual". En él, Eisenstein analizaba ciertos recursos narrativos de Dickens, y cómo Griffith les había dado forma cinematográfica (especialmente el primer plano y el montaje paralelo). Al hacer esto, reconocía a Griffith como un genio del montaje, un innovador indiscutido que hizo avanzar la técnica del cine de forma definitiva. Pero, remarcaba, Griffith contaba con un fuerte limitación que no le permitió realizar obras que perduraran en el tiempo (y eso es muy cierto, cualquier que haya tenido que ver El nacimiento de una nación o Pimpollos rotos lo sabe muy bien). Esa limitación no era técnica, sino ideológica. Eisenstein afirmaba que los cineastas socialistas, al tener conciencia de la lucha de clases, podían superar esa barrera. Eso quizás sea más discutible (los socialistas como él tenían otras limitaciones, como todos tenemos, porque a fin de cuentas somos humanos), pero es cierto que Griffith no tenía una cabeza que le permitiera complejizar demasiado sus tramas, que resultaban ser, en el mejor casos, melodrama pueriles que nada le tienen que envidiar a la telenovelas más clásica, y en el peor de los casos, relatos racistas y conservadores que erizan la piel.
- Yo creo que Spielberg tiene las mismas limitaciones. Es un genio de la técnica y la narración, que puede hacer películas de acción impecables. Lo que no puede hacer es tomar temas serias y reflexionar sobre ellos. La lista de Schindler es una ñoñería sentimental que busca la humanidad de ciertos nazis, como si el hecho de que son seres humanos los limpiara un poco de culpa, en vez de acrecentarla: sus acciones no fueron menos terribles porque tenían sentimientos, son más terribles porque los tenían. Rescatando al soldado Ryan caía en un patriotismo barato al mejor estilo Billiken. Munich es un poco más compleja, porque al menos muestra un asesino que empieza decidido y luego se arrepiente, pero creo que es un caso raro en su filmografía.
- Ahora, El lector. De Stephen Daldry me encantó Billy Elliot, una película tierna y dura al mismo tiempo. Las horas me gustó también, pero ahora que vi El lector creo que podría resumir a ambas como: "mucho ruido y pocas nueces".
- El ruido es la perfección técnica y narrativa que ambas tienen. Es decir: emocionan. Están muy bien actuadas, y Daldry sabe como lograr reacciona viscerales en el público. Ahora, todo eso... ¿para qué?
- Eso le preguntaba a Cutti cuando salimos. Esas son las pocas nueces: falta un poco de cabeza para tratar un tema complicado, como la culpa del pueblo alemán, la responsabilidad individual y la redención (si es posible o no). Estos temas están apenas tocados. El relato mismo los pide, pero el director y el guionista los juegan de manera tímida. Eligen concentrarse en dos personajes: la victimaria y el muchacho que se enamora de ella. No vemos sus crímenes. No vemos su táctico acuerdo con el régimen nazi. Sí vemos sus actos de altruismo, su asunción de culpas y su búsqueda de perdón y redención.
- Sorry, pero así no va la cosa. El Holocausto no se perdona. Hanna Schmitz fue guarida en varios campos de concentración. No me importa lo que haya hecho después, que no supiera leer y eso le diera verguenza, que hubiera sido el amor de la vida de un chico alemán.
- Wikipedia no es exactamente la fuenta más confiable de información, pero así dice sobre el libro en el que está basado El lector: "trata sobre las dificultades que las generaciones posteriores tienen para comprender el Holocausto, sobre si es posible transmitir a través de medios orales y escritos sus orígenes y su magnitud". No sé en la novela, porque no la leí, pero eso no está en la película, aún cuando se cae de maduro mirándola que debería estar.
- Es por eso que me deja un poco frío la película. Funciona emocionalmente y me conmovió, pero no es clara, no me dijo nada en concreto. No sé si es tímida, si no se atreve, si no puede, o si no quiere meterse en un berenjenal. Pero si la gente que la hizo no tenía los huevos para ir a fondo con el tema, mejor hubiera sido que no lo hubiera tocado.
- Y otra cosa: cuando Hanna conoce a Michael, él tiene 15 años y ella unos 35. Si la cosa fuera al revés, si fuera un hombre de 35 años con una chica de 15... ¿No sería abuso? ¿No sería horroroso? ¿Por qué se lo presenta de otra manera? Lo siento, eso es sexismo.
- Lo que sí me gustó es la representación de la sexualidad y los cuerpos desnudos (y vaya que los hay), que son reales. Aunque las coreografías (porque eso son) realizadas para que no sea ningún genital por momentos resultan forzadas, como siempre es el caso.
- Kate Winslet la rompe, como siempre. Pero no me ayuda que no quiero sentir empatía por su personaje. La siento, porque ella actúa como los dioses, y se merece todos los premios que se ganó, por ésta y todas las películas que hizo (y por su participación en Extras), pero sería como si alguien me hace sentirme mal por, digamos, un civil que les llevaba provisiones a los represores de un campo de concentración durante la dictadura. ¿De pronto no está tan bien la cosa, no?
Diagnóstico a lo bestia:
Hay ciertas películas peligrosas. Especialmente las que se supone son "serias y profundas", y en realidad se construyen en base de falacias.
Dónde la vi: Hoyts Abasto.
Cuándo: lunes a la noche.
Con: Mi Cutti.
Gente: Nadie. Un par de chicas que hablaban inglés, otro par que comía pochoclos y hablaba, algunos más.
Comida/bebida: Rien.
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